LA REFLEXIÓN
Hay una mentira bastante cómoda que nos contamos los fotógrafos.
No publicamos esa foto porque todavía no está perfecta.
No enseñamos el portfolio porque hay que ordenarlo mejor.
No escribimos a ese cliente porque igual no es el momento.
No pedimos más dinero porque “todavía no estamos ahí”.
No compartimos una foto en el Club porque habrá gente con más nivel.
Mentira.
O bueno, media mentira.
La mayoría de veces no tienes miedo a hacerlo mal.
Tienes miedo a que te vean haciéndolo mal.
No te da miedo subir una foto.
Te da miedo que alguien piense: “pues tampoco era para tanto”.
No te da miedo mandar un presupuesto.
Te da miedo que el cliente piense: “¿este quién se cree que es?”.
No te da miedo pedir una acreditación.
Te da miedo que te digan que no.
No te da miedo enseñar tu trabajo en una comunidad.
Te da miedo que el silencio confirme algo que ya sospechabas.
Que no eres tan bueno.
Y aquí viene la parte incómoda.
La mayoría de gente no está pensando en ti.
Está pensando en su propio partido.
Su propia cámara.
Su propio cliente.
Su propia inseguridad.
Su propia foto que tampoco se atreve a enseñar.
Nos creemos protagonistas de una película que el resto está viendo en pantalla grande.
Pero no.
Cada uno va con su película. Y bastante tiene con no olvidarse sus propios diálogos.
Hay un fenómeno psicológico que explica esto. Se llama efecto foco.
Básicamente dice que sobreestimamos muchísimo lo pendiente que está la gente de nosotros. Creemos que todo el mundo está mirando nuestro fallo, nuestra foto, nuestra ropa, nuestra frase torpe, nuestro presupuesto, nuestra publicación.
Pero la realidad suele ser bastante más aburrida:
La gente mira menos de lo que crees.
Recuerda menos de lo que temes.
Y juzga menos tiempo del que imaginas.
Esto, para un fotógrafo o videógrafo deportivo, debería ser liberador.
Porque hay demasiadas cosas que no hacemos por culpa de un público imaginario.
No mandamos ese email.
No subimos esa serie.
No preguntamos por ese evento.
No ofrecemos ese servicio.
No enseñamos ese proyecto.
No decimos “esto vale tanto”.
No pedimos ayuda.
No compartimos una duda.
No entramos en una conversación.
Y lo peor no es quedarse quieto. Lo peor es quedarse quieto creyendo que estás siendo prudente.
Es vergüenza con buena prensa.
Hay una pregunta que ayuda bastante:
¿Y qué?
Publico una foto y no gusta.
¿Y qué?
Mando un presupuesto y me dicen que soy caro.
¿Y qué?
Comparto una duda en el Club y alguien sabe más que yo.
¿Y qué?
Pido una acreditación y me la rechazan.
¿Y qué?
Subo un vídeo y tiene 120 visitas.
¿Y qué?
La vida sigue.
Tu cámara sigue funcionando.
Tu oficio sigue creciendo.
Y tú tienes una repetición más que quien sigue en la grada pensando si salir o no a jugar.
Porque esta es otra. El nivel no sube pensando. Ni poniéndolo en una lista.
Sube enseñando.
Sube recibiendo feedback.
Sube equivocándote en público.
Sube viendo que no pasa nada.
Sube cuando dejas de esperar a sentirte preparado para comportarte como alguien que quiere mejorar.
Por eso dentro de Sport Media Club insistimos tanto en compartir trabajo, preguntar, participar, enseñar procesos, pedir opinión y meterse en conversaciones.
No porque todos tengamos que estar todo el día hablando. Sino porque una comunidad no sirve solo para consumir contenido.
Sirve para quitarle peso al miedo.
Para darte cuenta de que el fotógrafo que parece tenerlo todo claro también duda.
Que el videógrafo que sube trabajos muy buenos también tiene proyectos que no enseña. Que el que cobra más también se tragó sus primeros “no”.
Que el que hoy parece seguro, ayer también pensaba que todos le estaban mirando.
Y probablemente no le miraba nadie.
O casi nadie.
Así que esta semana te propongo algo muy simple.
Publica esa foto.
Enseña esa serie.
Pregunta eso que te parece básico.
Manda ese email.
Pide ese presupuesto.
Comparte ese proceso.
Sube ese vídeo.
Preséntate a ese cliente.
No hace falta hacerlo perfecto.
Hace falta hacerlo.
Porque igual el foco que tanto miedo te da no existe.
Y si existe, dura menos de lo que crees.
Nos vemos dentro,