LA REFLEXIÓN
Buenas,
Leí hace poco una idea que se me quedó dando vueltas.
Un millón de segundos son unos 11 días. Mil millones de segundos son algo más de 31 años. Es más, Graham Duncan decía: vivimos obsesionados con los multimillonarios del dinero, pero casi nunca pensamos en los multimillonarios del tiempo.
Un chaval de 20 años, si vive hasta los 80, tiene por delante unos dos mil millones de segundos.
2.000.000.000.
Pero normalmente no se mira a sí mismo como alguien rico.
Cuando estás empezando, muchas veces piensas que eres pobre. No tienes el mejor equipo, no tienes contactos, no tienes clientes grandes, no tienes portfolio, no tienes nombre y no tienes acceso a los eventos que te gustaría cubrir.
Pero quizá sí tienes algo que vale mucho más que todo eso: tienes tiempo.
Tiempo para probar, equivocarte, hacer fotos malas, editar de más, ir a carreras pequeñas donde no te paga nadie, mirar referencias, escribir a gente, construir relaciones y repetir cien veces una cosa hasta que empiece a salir bien.
Cuando eres rico en tiempo, no lo sientes como riqueza. Una tarde perdida no parece grave. Una semana sin crear no parece grave.
Pero luego pasan 5 años y te preguntas por qué otros han avanzado más que tú. Y casi nunca es solo porque fueran más listos. Muchas veces es porque trataron su tiempo como un activo, no como algo que sobraba.
También pasa al revés.
Cuando llevas más años, empiezas a tener menos tiempo. Más trabajo, más familia, más responsabilidades, más facturas, más cansancio y más decisiones que tomar.
Y ahí aparece una especie de nostalgia rara. No echas de menos tener 20 años por la edad. Echas de menos tener tardes enteras para obsesionarte con algo. Echas de menos poder ir a una carrera solo para probar un ángulo. Echas de menos tener energía para fallar sin que el fallo tuviera tanto coste.
Por eso creo que hay una trampa peligrosa en decir “ya lo haré cuando tenga mejor cámara”, “ya lo haré cuando tenga más tiempo”.
No.
El tiempo bueno no suele llegar. Se usa o se pierde.
Y ojo, esto no va de vivir con ansiedad. No va de convertir cada segundo en productividad. No va de trabajar más horas para demostrar nada.
Va de entender que cada etapa tiene una riqueza distinta.
Porque en nuestro sector nos obsesionamos mucho con lo que nos falta. Ese objetivo que no tenemos. Esa acreditación que no nos dan....
Pero quizá la pregunta incómoda es otra:
¿Qué estás haciendo con el tiempo que sí tienes?
Porque el tiempo no se nota cuando lo tienes. Solo se nota cuando empieza a faltar.
Y quizá una de las mayores ventajas que puede tener un fotógrafo no es una cámara mejor, ni una acreditación más importante, ni un cliente más grande.
Es darse cuenta antes que los demás de que el tiempo también es capital.
Esta semana, antes de pensar en lo que te falta, mira tu calendario.
Ahí hay valor.
La pregunta es qué vas a hacer con él.